Remarcaron la expectativa que genera el nuevo sistema de recolección de residuos y el valor de la participación colectiva para lograr resultados.

Vecinos y vecinas que se sumaron al programa Hogares Sustentables destacaron la importancia de la clasificación domiciliaria para aportar a la reducción de residuos y a la limpieza de Montevideo.
Consultados por el Semanario Montevideo al Día, remarcaron la importancia de la participación colectiva para lograr entre todos, evitar la acumulación de basura en la vía pública.
La medida tuvo muy buena recepción en el barrio Zitarrosa, una comunidad construida a partir del esfuerzo cooperativo que destacó el valor del programa y consideró que seguramente encontrará “un terreno fértil, aunque no exento de desafíos”.
Susana Pacheco lo resume con claridad: la expectativa con que iniciamos esta nueva etapa es alta, pero también lo es la conciencia del problema.
“Los residuos viven en la calle permanentemente”, señala, describiendo una realidad donde la limpieza parece siempre correr desde atrás. Para ella, el punto de inflexión no está solo en la infraestructura, sino en la actitud: “si nos quejamos, también tenemos que hacernos cargo”. La llegada de los contenedores, con opciones para separar reciclables y desechos, representa —según su mirada— un primer paso hacia un cambio más profundo.

Esa idea de proceso también aparece en el testimonio de Adriana Méndez, quien pone en perspectiva la historia del barrio. Donde antes había cañaverales, hoy hay viviendas, comunidad y sentido de pertenencia, construidos a lo largo de casi dos décadas.
En ese recorrido, la mejora de la limpieza aparece como una etapa más de consolidación. “Es un gran paso para una buena convivencia”, afirma, con la expectativa de que la clasificación de residuos permita no solo ordenar el entorno, sino también darles una segunda vida a los materiales reciclables.

El rol de las cooperativas
Desde una mirada más práctica, Adriana Machado destaca el impacto organizativo que puede tener la medida. En un barrio con alta densidad de población, la gestión interna por cooperativas aparece como una herramienta clave para evitar la acumulación de basura. “Cada cooperativa se va a hacer cargo de sus residuos”, explica, valorando el control cercano como mecanismo de orden.
Machado también pone sobre la mesa otro componente del cambio: la incorporación de prácticas como el compostaje. Tras intentos previos más precarios, la llegada de equipamiento adecuado abre la puerta a una gestión más eficiente de los residuos orgánicos. Sin embargo, introduce una advertencia que atraviesa todos los testimonios: sin conciencia, no hay sistema que funcione. “Podés tener los elementos, pero si la gente no acompaña, es lo mismo que nada”, sostiene.
En ese equilibrio entre política pública y compromiso ciudadano parece jugarse el éxito de la iniciativa. La entrega de contenedores en el barrio Zitarrosa no es solo una respuesta logística a un problema urbano, sino también una apuesta a modificar hábitos arraigados.
El desafío, como coinciden las voces del barrio, no termina con la distribución de los dispositivos. Recién empieza ahí.