Una araña instalada hace más de cien años es sometida anualmente a tareas de limpieza, mantenimiento y en caso de ser necesario, recambio de luminarias.

La majestuosa araña de la sala principal del Teatro Solís constituye uno de los elementos patrimoniales más emblemáticos del histórico teatro montevideano. Más que una luminaria, se trata de una pieza artística e histórica que refleja la evolución tecnológica y arquitectónica de comienzos del siglo XX, además de representar parte fundamental de la identidad cultural del edificio.
La araña fue construida por la fábrica Osler, reconocida internacionalmente por la fabricación de luminarias y piezas decorativas de gran valor. Su instalación se realizó en el año 1909, como parte de un amplio plan de reformas impulsado por la Comisión Directiva del teatro en 1908, destinado a modernizar las decoraciones y los sistemas de iluminación del edificio.
Con un peso aproximado de 500 kilogramos, un diámetro de 3 metros y cerca de 200 lámparas, esta imponente estructura posee además delicadas piezas de cristalería de Baccarat, firma francesa célebre por la calidad y fineza de sus cristales. Su presencia domina visualmente la sala principal y se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles del teatro.
La instalación de la araña marcó el cierre de un importante proceso de transformación tecnológica: la transición de la iluminación a gas hacia la iluminación eléctrica, iniciada en el año 1887. Este cambio representó un avance significativo para la época, permitiendo mejorar tanto la seguridad como la calidad lumínica de los espectáculos y actividades desarrolladas en el teatro.
A lo largo de los años, la araña ha requerido distintos procesos de conservación y mantenimiento para preservar su valor patrimonial y asegurar su correcto funcionamiento. En el marco de la gran reforma realizada en 2004 en el Teatro Solís, se llevaron adelante importantes intervenciones sobre las luminarias históricas. Entre las tareas realizadas se destacaron la renovación de la instalación eléctrica, la recuperación de metales y cristalería, así como la restauración del baño de oro original que recubre parte de la estructura.
Posteriormente, en el año 2018, las luminarias fueron nuevamente intervenidas mediante la incorporación de tecnología LED, en el marco de un plan de eficiencia energética. Esta actualización permitió reducir el consumo eléctrico y mejorar el rendimiento lumínico, manteniendo al mismo tiempo la estética histórica de la araña y respetando su valor patrimonial.
Cada año, la araña desciende cuidadosamente desde la cúpula de la sala principal para realizar tareas de limpieza, mantenimiento preventivo y, cuando es necesario, el recambio de luminarias. Este procedimiento requiere de personal técnico especializado, debido tanto al peso de la estructura como a la delicadeza de sus componentes ornamentales. La limpieza y conservación periódica resultan fundamentales para preservar el brillo de la cristalería y garantizar la seguridad de la instalación.
El mantenimiento de la araña del Teatro Solís no solo implica una tarea técnica, sino también una labor de preservación cultural e histórica. Gracias a estos trabajos, una de las piezas más representativas del patrimonio teatral uruguayo continúa iluminando la sala principal, combinando tradición, tecnología y memoria histórica.