La Semana Criolla de Montevideo volvió a consolidarse como uno de los principales espacios de encuentro entre artistas y público. Una fiesta que reúne tradición, cultura y música en un entorno único.
La música volvió a adueñarse de las noches en el Prado. Entre luces, aplausos y guitarras, la Semana Criolla de Montevideo desplegó, una vez más, su identidad más profunda: la de una fiesta donde la tradición y el encuentro se viven en cada rincón.
Sobre los escenarios, pero también abajo, entre el público, se construye un clima de alegría, tradición y fiesta popular. No se trata solo de espectáculos: es un espacio de reencuentros, de trayectorias que se cruzan y de historias que siguen creciendo año a año.
Cristiana Fernández lo resume desde la experiencia de toda una vida artística. “Es un gusto bajar de este escenario emblemático, al que venimos desde hace tantos años. Siempre es un reencuentro, no solo con la gente, sino también con compañeros que hace tiempo no vemos”, expresó.
Para la artista, la Criolla es mucho más que una fecha en el calendario: “Para nosotros es importantísimo estar. El día que no estemos sería como que nos faltara algo. Ver a la gente de pie, cantando y aplaudiendo, es una satisfacción enorme”.
Ese vínculo cercano también atraviesa el recorrido de Ana Valiente, quien ha crecido junto a esta fiesta. “Es mi Criolla número 15, son 15 años de carrera. Este lugar me vio crecer, no solo como artista, sino también como persona”, contó. Entre recuerdos y emociones, destacó el carácter único del encuentro: “Acá se genera una conexión especial con el público, muy familiar. Es como cantar en casa, reencontrarse con gente que uno quiere y que muchas veces ve solo en esta fiesta”.
La Criolla también es una puerta abierta para artistas del interior, un espacio donde nuevas audiencias descubren voces y propuestas. Así lo vive Carlos Malo, quien celebra cada regreso al Prado. “Siempre es un placer volver. Esta es una de las fiestas más grandes y nos permite acercar nuestro canto al público de Montevideo”, señaló. Y agregó: “Mucha gente nos descubre acá, año a año, y eso es muy valioso”.
Desde el escenario, esa energía se percibe y se multiplica. Para Néstor Moreno, del dúo Copla Alta, la experiencia tiene un fuerte anclaje en la identidad. “Es una fiesta muy nuestra, que tiene mucho que ver con nuestras raíces. Para quienes venimos del interior, este es un momento de encuentro con la gente”, afirmó.
A su lado, Alejandro Silvera puso en palabras algo que, según reconocen los propios artistas, muchas veces resulta difícil de explicar. “Es difícil definir ese ida y vuelta con el público. Es algo que se renueva cada vez, una conexión que nos hace bien a todos y que le da sentido a lo que hacemos”, expresó.
En cada edición, la Semana Criolla reafirma ese espíritu: un espacio donde la cultura se comparte, se transmite y se transforma en experiencia colectiva. La música, en ese contexto, es el hilo conductor de una celebración que trasciende generaciones y territorios.
Con esta propuesta, la Intendencia de Montevideo continúa apostando a una política cultural que pone en valor las tradiciones, promueve el encuentro y garantiza el acceso de la ciudadanía a espectáculos de calidad, consolidando a la Criolla como una de las expresiones más representativas de la identidad cultural del país.