Los conductores que se capacitan para los taxis accesibles remarcaron la importancia de “aprender a conducir con otros tiempos”.

La incorporación de taxis accesibles en Montevideo no solo implica la llegada de nuevos vehículos a la calle, sino también un cambio en la forma de prestar el servicio. En ese marco, 60 conductores y conductoras participaron de una capacitación teórico-práctica orientada a mejorar la atención y la seguridad en el traslado de personas en situación de discapacidad.
La instancia, organizada por la Secretaría de Discapacidad junto a la División Transporte de la Intendencia de Montevideo, se desarrolló en el Taxi Club durante dos jornadas e incluyó formación sobre uso de rampas hidráulicas, sistemas de anclaje, conducción segura y trato adecuado a los usuarios.
Pero más allá de los contenidos técnicos, los protagonistas del curso destacaron el valor humano y social de la experiencia.
Servicio en formación
Para el chofer Julio Acosta, se trata de una instancia clave en la construcción de un servicio aún en formación. “Estas capacitaciones son muy importantes para lograr accesibilidad e igualdad para todos los ciudadanos”, señaló. A su vez, subrayó el aprendizaje vinculado al lenguaje y la forma de referirse a las personas en situación de discapacidad, un aspecto que considera tan relevante como la operación del vehículo.
Acosta también puso el foco en un desafío cotidiano: los tiempos de la ciudad. “La accesibilidad va a contar con la paciencia de los choferes. Y eso hoy es un desafío, porque vivimos en un contexto donde la paciencia no sobra”, reflexionó, aludiendo a la congestión del tránsito y a la presión del trabajo diario en la calle.
En la misma línea, Pablo Fernández destacó el carácter innovador del servicio. “Es algo nuevo para nosotros, tenemos que aprender a brindarlo de la mejor manera”, afirmó. El conductor valoró especialmente la formación sobre el trato a los pasajeros, los tiempos de asistencia y la seguridad durante el traslado.
Nuevas herramientas
En la parte práctica, señaló, el aprendizaje fue determinante: “Trabajamos con la rampa, el anclaje y la seguridad del vehículo. Son herramientas nuevas que nos permiten dar un mejor servicio”.
Fernández también vinculó la iniciativa con un avance más amplio en términos de ciudad. “La accesibilidad ha sido un debe histórico. Con estos vehículos se empieza a mejorar algo que venía rezagado”, apuntó.
Ambos testimonios reflejan una misma idea: el taxi accesible no es solo un cambio tecnológico, sino también cultural. Implica aprender nuevas formas de interacción, ajustar ritmos y comprender que la movilidad, para todos, no funciona igual.